viernes, 3 de octubre de 2008

¡ALTO O DISPARO!


Ha ocurrido en Sevilla, a una de esas horas de entresemana en las que la gente, si es de la Alameda de Hércules y hace calor, se queda a las puertas de su casa charlando amablemente con el vecino de al lado, por mucho que sea ya la hora de madrugada o mañana haya que trabajar. Cuatro vecinos departían acerca de lo divino y de lo humano en plena calle a eso de la fresquita. Aún los hay con esa costumbre por aquí pese a ser una tradición que se pierde cada día con el condicionated air. Pero los malvados han recibido una multa de la policía local hispalense. El motivo, interrumpir las horas de sueño de sus congéneres en una noche tan silenciosa. Cien euritos de nada a cada uno por sonar voces (las de cuatro amigos) en la oscuridad que rompen las horrorosas farolas colocadas a instancias de Monteseirín. Qué lástima que los ínclitos, gente chunga a toda vista por no ver la tele en casa como todo el mundo o estar en la cama a esas horas, no estaban ni gritando, ni miccionando en una papelera. Si acaso estuvieran liándose un buen porrito quizás se hubiera pasado por alto su tropelía. Lo peor de todo es que, si con buenos licores comprados en el super de la esquina hubieran hecho botellón en la acera, tanto revuelo no se habría formado por tan poca cosa. Seguro que los municipales gustosamente les hubieran acordonado la zona: cortes de tráfico rodado, vallas protectoras o un buen servicio de limpieza a su entera disposición.

jueves, 2 de octubre de 2008

LA HORA DE LOS VALIENTES


Nota del autor: Me van a permitir ustedes

el tono de esta entrada, pero por el tema en cuestión

y el pelaje de su protagonista los chusco de su contenido

creo que queda totalmente justificado.


¡Venga, Lance Armstrong, chulito, que ha llegado la hora de demostrar lo valiente que eres! Es el momento de dejar de creerte un mártir, de sacar pechito, de sacudirte a la gente como moscas gracias a tu manojo de guardaespaldas. Hoy, he leído jubiloso que la Agencia Antidopaje Francesa te ha propuesto que le permitas realizar un análisis de las muestras recogidas en tu pis incorrupto del Tour de Francia de 1999. Sí hombre, esa carrera que ganaste no con cinco marchas, sino con seis en el cuerpo, como los coches de gama alta. ¿Sabes? Considero que no tienes por qué hacerlo, pero como ahora vuelves a redimir al ciclismo de ese letargo que sólo tú aprecias, ya que has manifestado que tus continuadores en la Grand Boucle (Pereiro, Contador y Sastre) no están a tu nivel, bueno será terminar con los rumores sobre tu supuesto dopaje en la larga trayectoria que tuviste. Bueno, larga porque fueron siete años. Algunos te llamaban rey, pero más bien era por lo poquito que trabajabas, chaval, un mes justito por temporada. Con éstas, La agencia francesa te ha pedido analizar cinco muestras recogidas en cinco etapas diferentes para comprobar si existe o no esa presencia de EPO que te achacan. ¡Uy! La palabra maldita. Espero que no salgas corriendo en dirección contraria. Siempre has sido muy echado palante. Bueno, y un poco hipocondríaco. Sólo así se entiende que llevaras a todas partes un nutrido equipo de médicos a tu entero servicio. Ni el difunto Juan Pablo II era velado las veinticuatro horas del día. ¿Y por qué ahora examinar tu pipí? Hombre, no estaría de más recordar que el prestigioso diario L'Equipe publicó poco después de tu séptimo triunfo (en el Tour en 2005) que había muestras tuyas de EPO analizadas en la prueba del 99. Venga, no seas cobardica. Dale un sopapo a los franchutes, y a tus antiguos compañeros de equipo, a algún masajista que ya no soportó más y también cantó, o a ese grandísimo ganador que fue tu compatriota Greg Lemond, que ganó un Tour años después de recibir un cartuchazo de escopeta (varios días en la UVI) y aún no cree en ti, ni creerá jamás. Anda, piénsatelo. Fíjate que no te van a quitar nada, hijo mío, que el supuesto delito (oh, quién osa siquiera a pensarlo) ya ha prescrito. Ese puñado de Tours para ti, que nadie los quiere de segundas. Pero que sepas que hoy día todo ha cambiado. Ahora hay una verdadera lucha contra los tramposos. A lo mejor, de vuelta ya de todo, no te importa correr para llegar el último. Pero al menos, reconoce de una puta vez lo que el mundo entero ya sabe.

lunes, 29 de septiembre de 2008

FOOTING TONIGHT


El anuncio de una carrera tan multitudinaria como la del pasado día 26 de septiembre invita más a descansar en la casa de uno que a llegar hasta La Cartuja en la hora punta de un viernes cualquiera. Mira que se espabila la organización de la veinteañera Nocturna del Guadalquivir para mejorar cada cita anual, pero el gigante con pies de barro que es la más importante jornada popular de atletismo sevillano no parece tener soluciones. Y no lo digo porque la puesta en escena sea mala o los corredores estén mal atendidos. Más bien todo estriba en la imposibilidad de que más de seis mil personas se concentren en menos de trescientos metros cuadrados con la esperanza de no pasar ninguna incomodidad. Lo primero, ciertamente, es la llegada a la zona. Pocos aparcamientos, desconcierto máximo y por consiguiente, tardanzas, nerviosismo y desubicación. Este tipo de actos deportivos no está para hacer marcas, ni competir inútilmente con el que llevas al lado, pero tampoco para ir codeándote (literalmente) con el personal desde la misma raya de salida hasta pasado el segundo kilómetro. La masificación en estos acontecimientos, una aspiración pretendida y además muy sana, debería ser consecuente , y por ello, la salida no podría ser tan estrecha como ahora. No estaría de más tampoco separar a los corredores por edades o marcas, en fin. Como cada año, hay gente que pasa miedo cuando se comienza a correr medio a oscuras y se está muy cerca de pisar a los de delante. Pero bueno. La verdad es que no estuvo mal, porque en definitiva uno participa en estas cosas por motivaciones propias, y lo demás nos es un poco ajeno. En los 12 kilómetros del recorrido, paradójicamente, no sufrí lo mismo que el año pasado, tan mal de forma y con un calor brutal. La cosa estaba en los tiempos. A cada paso kilométrico me ofuscaba más, sin entender por qué no veía en los números lo que pensaba, que marchaba mejor que nunca. Pasaron varios miles de metros para darme cuenta. Fui prácticamente todo el camino zigzagueando, o parándome por las molestias de un atleta más lento que me cerraba la salida por el lateral de la calle… En la meta, en la preciosísima pista del estadio olímpico, 57 minutos y 41 segundos. No está del todo mal. Si nada lo impide, en diciembre nos vamos de Media. De Dos Hermanas a Los Palacios no hay ni dos horas de paso.

viernes, 26 de septiembre de 2008

NOMENCLATOR PITUFERO


¿Han probado alguna vez a poner diminutivos a los alumnos de su aula? Es una experiencia aplicable también a otros órdenes, como los chiquillos de la urbanización, las compis de danza de su hija o sus sobrinos o primitos cuando la paella del domingo. Es en clase el lugar en el que más sorpresa causa llamar a M. Ayala Ayalita, o a David R. Davicito. Si el apellido es largo, como Ganfornina, Ganfor viene muy bien. Particularmente apuesto por un término de no más de tres sílabas, manía de hace años, bah. María de los Dolores es Mariló, por mucho que le digan en casa Dolores o Lolita. Luis Miguel es Luismi, Rosario es Charo, José María, Josema. En 4º tengo a dos de éstos, así que uno, lo siento mucho de verdad, es López. Rompemos la regla para crear nuevos nombres a otros tan conocidos ya: Antoñito en lugar de Antonio, Isabelita por Isabel o Eleni en vez de Elena. Indianita, Dominguito, Irenita y compañía se fueron, pues se hicieron mayores sin que nos diéramos cuenta. Su recuerdo sigue por aquí, sin duda. Como es el caso de los personajes de Cervantes, hoy caigo en la cuenta de que el estado de cada cual, tan cambiante como así es la vida, motivaría la inmedita sustitución de estos cariñosos apelativos. Vemos crecer a nuestros adolescentes a cada milímetro. Nos llevamos las manos a la cabeza, también, porque todo pasó muy rápidamente… Y vuelta a empezar.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

LALOLO LOLOLA

Francisco Manuel ‘Lolo’ Silva es historia de una vez. Han debido de juzgarlo mil veces en ese tribunal popular que ha convocado diariamente la prensa sevillana. El ya ex delegado de Juventud y Deportes del Ayuntamiento hispalense abandona el cargo de la manera más ruin y miserable. Bastantes dispendios había hecho ya el joven político de IU, capaz de pasar por alto la presión de la opinión pública, el deseo de los vecinos de la ciudad, o las continuas denuncias que han puesto en liza los medios de comunicación. La primera de sus grandes actuaciones, crónica negra de la necedad e incompetencia en la gestión pública, vino hace varios años con el robo de varias toneladas de hierro que eran las gradas y cubierta de la Copa Davis de tenis. Aparecieron por ahí, revendidas por algún listillo. Casi quinientos portes con camiones sin que nadie se percatara. Nuestro Lolo, que por aquel entonces ya viajaba a Cuba de vez en cuanto y a gastos pagados, echó las culpas a un técnico del IMD. Un cualquiera con el que expiar sus culpas. Bah, aquello no fue más que una simpática anécdota para lo que ha venido después. Silva, arropado en todo momento por los tres concejales de IU en el Ayuntamiento, no tuvo ayer una mínima palabra para justificar las millonarias partidas que su delegación (y quizás alguna otra) pagó a una empresa de su primo hermano. Lo último, hace pocos días, fue el puesto que ocupaba su propia madre en una piscina municipal. “No tiene nada que ver” dijo el ínclito sobre la coincidencia de que el propio hijo de esta señora sea el responsable último de la contratación del personal. No hablemos, aparte, de la cualificación requerida, en fin. Ha caído Lolo en la cuenta de que "en esta ciudad se juega sin normas, sin lealtad, ni marco ni criterio mínimo”. Lo que parecería una confesión valentísima (como triste despedida) de privilegios y un gran sueldo, ha resultado un ridículo ataque hacia la prensa y la oposición, a la que señala como instigadora y responsable de su marcha. Ni una justificación justificable, como si en realidad hubiera alguna. Se recuerda Lolo en su diccionario particular (dentro de la biblioteca universitaria a la que volverá seguro habrá varios volúmenes de autoridad) el significado de palabras como prevaricación, verdad, nepotismo, fidelidad, corrupción, enchufismo, verguënza. Pero todo presuntamente, claro.

domingo, 21 de septiembre de 2008

ESTAR DE ENHORABUENA

Me congratulo hoy de poder cerrar un capítulo escrito en este blog y que por imponderables seguía sin resolver. Mi amiga Pilar, a la que hacía varios años que no veía, protagonista de nuestra entrada del 18 de mayo de 2008, me visitó el viernes junto a Ramón, su atenta pareja. Pilaruchi me pareció tal y como la dejé, así que mi felicidad es máxima. Qué agradable es el reencuentro con viejos amigos. Pero en ese estado de bienestar, llegó la hora de su marcha, aunque seguro que nos volveremos a ver muy pronto. Aún así, comprobé de nuevo que siempre tendrá en su cabecita algo más para sorprenderme. Me recomendó visitar la web de un amigo suyo (www.tukaneando.blogspot.com), y allí me encontré con esta imagen de inicio que creo merece ser compartida. Un grito pintado en una pared. La lucha almada. Lejos de ser un alegato antibelicista, que también, más bien me parece una declaración de intenciones que bien deberíamos llevar grabada en nuestro quehacer diario. Luchar con el alma, nada mejor que eso. Apuesto a que la Rae incluirá en su diccionario el término. Al menos, yo lo haría inmediatamente, con carácter de urgencia ¿verdad?

jueves, 18 de septiembre de 2008

ESTA HISTORIA COMENZÓ DONDE LA FOTO

Hoy me ha venido a la memoria un recuerdo que ocurrió a mediados del año 1999. Bien podría ser en primavera, porque el sol ligero de la capital sevillana es inconfundible, sólo sería comparable con el otoño pacífico que disfruté en aquel 1998. Cuando se trata de cursos escolares, no diferencio pasado un tiempo prudente estas dos épocas tan inciertas, que tanto agradan a todos. Iba un servidor montado en el Tussam, cansado de una larga mañana de sábado estudiando sin saber con certeza con qué final (feliz). A mi lado, se me sentó un anciano, no de ésos que van con bastón o cabizbajos, de andares inseguros o mirada perdida. El señor que se dirigía a mí era jovial, torrencial en su voz incandescente. Me miraba con ojos de niño, pese a que mi distracción estaba fuera, a través de las ventanas del colectivo. Por ello me sorprendió contándome sin más demora su historia. Resulta que guardaba láminas de cuadros, o fotos de revistas que le gustaban por su colorido, cosas bonitas, como él me decía, y como ese tesoro que fotocopiaba y ampliaba en la imprenta cercana a su casa debía almacenarlo convenientemente, se le había ocurrido la mañana en cuestión pasear por el centro para comprar su bálsamo de cuero, acabado en finas esquinas doradas, que abrazaba gozoso entre las manos. Miré el maletín, reluciente y de una calidad fuera de toda duda. Era un portafolios de auténtico lujo. Estaba exultante el viejo, era de un feliz contagioso. Me lo abrió para que comprobara cómo introduciría allí sus sueños, trozos de papel satinado que coleccionaría para siempre. Con la mano me hacía ese movimiento definitivo, como si reviviera por anticipado lo que haría llegado a casa. Me mostró un solo pero, el detalle insignificante que le separaba de su objetivo. En el interior del portafolios estaban cosidos tres bolsillitos para meter bolígrafos. Ufano, me dijo que los despegaría sin mayor problema. Pero entonces comprobé al fin lo que me temía. Aún se apreciaba en una esquina del interior el precio. Nada más y nada menos que 25.000 pesetas. Me estremecí. Un pellizco por dentro me hizo sentirme muy mal. Pensé que los bolsillos interiores para los bolis, inservibles para él, dejarían una marca perpetua en el portafolios porque iban cosidos. Me imaginé al mismo anciano contando al vendedor simpático de la tienda el para qué de su visita. Nada mejor que ese instrumento de ejecutivo para guardar fotos hermanas. Y qué más le daba al viejo el dinero, medité. Cuánto habría ganado el dependiente si lo necesitaba. Pero sentí el escalofrío de la mentira. Se me encogió el corazón porque alguien quiso aprovechar tanta tajada de una bondad sin fisuras. Alguien, en fin, hizo caja a costa de la inocencia. Y aún lo recuerdo en algunos ratos perdidos, cuando viajo en coche o me asaltan ideas dispares cuando corro por el parque. O también ahora, que me siento un poco como aquel día, cuando me parezco un poco a aquel viejo que, sin saberlo, llevaban de un sitio a otro confundido, sin capacidad para defenderse.