jueves, 12 de febrero de 2009

CARTELES ACLARATORIOS


(Reproducimos con mejor voluntad que tino
el cartel protagonista de la historia)


La situación es la que sigue. Son tantas las viviendas, tantos los comercios cerrados con el conocido cartel negro y naranja fluorescente colgado del balcón o la ventana, que más bien dentro de poco deberemos poner otro distintivo sólo en aquellos lugares en los que habita la gente. De esta manera también colaboraremos con la crisis. Habrá menos carteles por las calles y el efecto derrotista que deriva de ver tantos anuncios de Se Vende, Se Alquila se eliminaría de un plumazo. Con todo, la iniciativa tendría algún inconveniente, pues algunos pensarán que como en la Alemania nazi los carteles identificarían rara avis a los inquilinos que sí habitan los inmuebles, cual judío en territorio hostil. Pese a ello, hay una empresa en Sevilla que sí ha visto rendimiento publicitario al asunto, y ha lanzado una arriesgada campaña de promoción que, al menos en su edificio de la calle Alfonso XII, es todo un ejemplo de ironía y perspicacia. Cajasol, la fundación con el mismo nombre que la entidad bancaria, tiene puestos en todas las ventanas y balcones de su edificio estos carteles llamativos que habitualmente anuncian ventas, traspasos o alquileres. En su lugar, ya ven, se encuentran frases concluyentes y tan felices como Se Vive. Se juega, Se Trabaja… A mí me impresionó mucho ayer mismo, cuando pasaba por allí en coche y estuve a punto de parar en seco. A lo mejor, si la cosa continúa por este cariz, el ejemplo cunde. Personalmente, ironías aparte, esta proclamación pública acerca de nuestra existencia me parece muy original, acertada. Se Vive, Se Vive, que no es poco, y aquí estamos aún para contarlo.

martes, 10 de febrero de 2009

LEYENDAS URBANAS PARA LA CRISIS


Que la cosa está para pocas bromas es evidente. Basta con salir a la calle, echar un vistazo a los comercios cerrados, los locales aún por alquilar o las promociones de viviendas a medio hacer. En la televisión y en todos los periódicos los ciudadanos de a pie nos enteramos de la mala marcha de esta economía traicionera, pese a los intentos del gobierno, que con descabellados planes se cree capaz de arreglar el desaguisado. Ese, precisamente, que tanto negaba hace tan pocos meses. Pero la intrahistoria del asunto, como diría don Miguel de Unamuno no aparece por los medios de comunicación tan a menudo. Ya saben, me refiero a esas múltiples historias que se cuentan a pie de calle y que no son más que pequeños relatos personales aparentemente inofensivos al sistema, pero que juntos conforman la triste realidad que nos ha tocado. El otro día, un amigo de Los Palacios me contaba que un señor, cargado con la cesta de la compra, se dirigía hasta la caja del supermercado. Una vez allí, le dijo a la chavalita que no tenía dinero para pagarle, pero que allí le dejaba su carnet de identidad, porque no estaba por la labor de dejar de dar de comer a sus hijos. Y ya está. Acabo de encontrarme con un conocido, que me ha repetido exactamente el mismo suceso, esta vez ocurrido en Alcalá de Guadaira: mismos argumentos para un mismo final. La cosa es que, viendo el panorama ciertamente, me creo los dos relatos a pies juntillas. Sólo dejaré para ustedes, fieles lectores, la incertidumbre que aún sospecho. No sé por qué, pero la bola esta se me hace de la estirpe de la chica de la curva, la niña con su perrito y el tarro de Nocilla, o los caimanes en las alcantarillas de Nueva York. Eso sí, todo concuerda. De momento, teman ustedes de hacer cola en el hiper, porque, bien les sorprenden tres encapuchados, como ya ocurrió ayer en el Catalino, bien les piden antes de retirar la mercancía un aval cual compromiso de pago.

lunes, 9 de febrero de 2009

TEATRO DE TODO A CIEN


Vaya la obrita de teatro que vi el otro día en el Municipal de Dos Hermanas. Hoy en día a cualquier cosa le llaman espectáculo. Por mucho que en la entrada aseguraran que los miembros de la compañía ya habían actuado con éxito en la ciudad, nada de nada. La mezcla de Les Luthiers y la cultura cutre televisiva no resultó, por mucho que la gente riera los guiños repetidos que cualquier autor espabilado sabe que siempre provocan una risotada, por tonta que sea. En esto del humor aún hay mucho que descubrir. No será más pronto que tarde, pues los nuevos showmen de la comunicación, en donde también incluyo a esta compañía valenciana (qué mas les da a ustedes su nombre), no apuestan por la innovación, sino por una vulgar imitación de situaciones absolutamente previsibles, y por tanto, vulgares, cotidianas de ¡anda ya! Claro que es fácil provocar la hilaridad entre la concurrencia con trucos zafios como vestir a un actor con panza y barba en una cabareta descarada, o una actriz, la única del cuarteto, que sin venir a cuento en comedia tan divina recibió un morreo de uno, un tocamiento de teta por parte de otro, y una suave caricia en el culete del tercero (digo yo que en la vida real se habrá puesto de acuerdo entre este trío masculino para sacar parte equitativa de cuota). Snif Snif, que así se llama el espécimen sobre las tablas de la calle Nuestra Señora de Valme, bien podría olvidarse de mi mente de un segundo a otro, si no fuera porque aún estoy asombrado de la desconcertante respuesta de un sector de la sala, cuyas carcajadas pueblerinas aún resuenan en mi interior.

jueves, 5 de febrero de 2009

LLEGA CON DOS HERMANAS


El libro de Dani es una realidad por ahora en papel de folio cortado a mano. Las últimas pruebas de impresora han terminado al fin, y ya sólo queda aguardar a la definitiva versión que ustedes podrán apreciar dentro de muy poco. Con Dos Hermanas, ese libro de viajes –espiritual y de, otra vez, eterno retorno– pronto saldrá a la luz. Será definitivamente en la Capilla del Ave María, gracias a la oportunidad que nos ha brindado la hermandad de Valme, y también a la gentileza y coordinación mantenidas con la de Amor y Sacrificio, que tiene prevista una interesantísima exposición en ese mismo lugar con motivo de sus estrenos para esta próxima Semana Santa. La obra de nuestro joven fotógrafo se presentará en un acto público para familiares, amigos, hermanos y curiosos. Espero que entre ellos esté usted también. A partir de las 21:00 horas del día 20 de febrero comenzará este singular homenaje del artista a su hermandad del Rocío, ahora que se cumplen los 75 años desde su fundación. Y verán. A uno, cuya devoción a esta advocación mariana por las circunstancias que sean no le ha llegado (aún), le ha sorprendido el acabado final de la obra… Hay algo especial en las imágenes de Daniel Vaquero Fornet. Van un poco mezcladas, quizá, con ese sentimiento personal que tenía en el momento que las hacía. Apreciará el lector en múltiples instantáneas la verdad que encierra la peregrinación a Almonte, la verdad que encierra la Virgen cuando sale el Lunes de Pentecostés, la verdad, en fin, que supone dejar casa y placeres cotidianos para perseguir un sueño durante nueve jornadas. En cada foto hay una historia. Desde las de la sevillana que bailan varias parejas en las arenas, a la del contraluz de la carreta de plata viniendo de vuelta… Tantas cosas. Cuando nos sentábamos con autor de la obra para preparar los textos que acompañan las más de 150 fotografías, de sus reflexiones y de estas imágenes personalmente me vinieron tres palabras. A mí me dicen mucho de Con Dos Hermanas. Acaso a ustedes también: Comunión (común-unión), alegría y campo. De su creación absoluta (ahí la asociación La Plazoleta, editora del libro, poco ha podido hacer) está el impresionante comentario que tiene cada una de las fotos. En efecto, Daniel es conocedor yo diría que de todo el cancionero popular que tiene la Virgen del Rocío. Es el libro un ejemplo de la unión entre el piropo y la imagen, la letanía y el romancero tradicional. Al leer el pie de cada una, usted podrá cantar, rezar o sorprenderse por la acertada denominación que tienen escenas tan rocieras como el paso por Coria, la llegada a Villamanrique o la presentación de la Virgen en la Casa de Hermandad. Hay un pie de foto que me gusta mucho: Es el de una sevillana que compuso su autor uniendo sus dos devociones marianas: “El otro día soñé… que venías en el camino”. Pero hay mucho más. Hay Amanecer, hay Apoteosis, y hay Acción de Gracias. El camino está aún por empezar, pero recorrer nuestros pasos por este libro no es más que una peregrinación que nos despertará admiración y fe.

lunes, 2 de febrero de 2009

MANUAL DE COMPORTAMIENTO


Hay en ciertos acontecimientos deportivos, esos que tradicionalmente han sido minoritarios, un componente especial que conmueve al espectador de un tiempo a esta parte. Si no es por Fernando Alonso, Rafa Nadal o Pau Gasol, apenas ocuparía en los medios veinte segundos sobre la Fórmula 1, el tenis o la NBA. Casi cinco horas pasó aquí un servidor el pasado domingo, para presenciar un partido de tenis, interminable sucesión de números arriba y abajo, sumando juegos y después sets. Jamás ha sido esta disciplina del gusto de la audiencia (ni de la mía personal), salvo en los casos de Arantxa en los años 90 o ahora el manacorí que nunca deja de correr. En la entrega de trofeos, Roger Federer, un tipo muy correcto al que nadie era capaz de ganar desde hace años, rompió a llorar incontroladamente, mientras nuestro Nadal lo consolaba casi pidiéndole perdón por haberle vencido. ¿Qué movió al suizo a descontrolarse de esa manera? Daba mucha lástima verlo derrumbado. Ha ganado centenares de torneos, es quizá el mejor tenista de todos los tiempos… Pero ahora no puede contra el español: se ha preparado hasta el límite este invierno para poder superarle. En ese esfuerzo empleado está la virtud de su derrota. Es un honor perder así, dejándolo todo en el intento. Por ello, esas lágrimas del perdedor nos parecieron desde las antípodas un claro ejemplo de fortaleza, y no de debilidad. Un bello gesto con el que reconocer que es el esfuerzo y la rabia lo que nos mueven por el camino. En este escenario que es la vida, incluso en situaciones extremas el afectado aguanta su último impulso para así contener el llanto. Especialmente en el caso de los hombres, se trata de una especie de tradición ridícula que nos impuso la sociedad desde pequeños. Por eso, quien rompe con los esquemas tan rígidos de lo que es adecuado en ciertas situaciones que se suponen incómodas, merece todo mi respeto y admiración. En esas lágrimas, que no tenían consuelo en fin, está la grandeza de un tipo que sólo se derrumbó cuando vio que ya no tenía más oportunidad de seguir luchando. Entonces. Sólo entonces.

sábado, 31 de enero de 2009

VOYAGE, VOYAGE


Estoy escuchando aquel super éxito de la década de los 80. Ése que cantaba una rubita de pelo corto, Voyage, Voyage. Repetir esa pegadiza melodía me transporta directamente a ese momento crucial que es el paso de nuestra etapa infantil a la preadolescente. Qué miedo, de verdad. Y es que, como el perro de Paulov, hay imágenes o sonidos que son capaces de despertar verdaderos estímulos en un solo segundo. Así, me estoy viendo con el pelo largo, adormecido por el calor del mes de agosto, aburrido al final de la tarde, sin nadie con quien jugar porque todos los niños de la calle, un año mayores que yo, se iban a Los Jardines a tontear con las chavalitas. Y uno, que por aquel entonces no las quería ver ni en pintura, veía sumamente ridículo estar sentado sin más en un banco de la plaza, pasando la tarde entre exageraciones y embustes. El Llano estaba vacío, todos los de costumbre reunidos para jugar al fútbol, pero nadie quería ya. Incomprensible. Mi madre, que se reía cuando me veía cada tarde vuelta a mi casa, sólo un cuarto de hora poco después de salir, me decía que "andara" yo igual que ellos, que volara. Bah. Tonterías… Justamente pasó un año, aquel verano en el que todo cambió. Contribuyeron a ello nuevas amistades, femeninas, ya ven, que me hicieron ser más feliz que cuando pegábamos patadas a las naranjitas verdes de los árboles, o los redondísimos cinco duros para los futbolines de Delfín. Voyage, Voyage / Au dessus des vieux volcans /Glissant des ailes sous les tapis du vent / Voyage, voyage / Éternellement. O lo que es lo mismo, Viaja, viaja por encima de los volcanes, viaja, deslizando tus alas bajo las alfombras del viento... Ya saben a lo que me refiero. Esa libertad que tanto miedo nos da cuando todo está por hacer, esa melancolía nostálgica cuando miro atrás, es esta canción cada vez que suena en mi Winamp.

viernes, 30 de enero de 2009

GENTE DE ALTURA


Me cae bien Pau Gasol. Sencillamente. A lo largo de estos años le he ido cogiendo cierta simpatía, pese a que no me hacen nada de gracia los jugadores del FC Barcelona por lo general. Cuando se fue a la NBA, confieso que pensé que estaría de vuelta en un cuarto de hora, máxime cuando vi su primer partido con los americanos. Cuánto ha cambiado mi opinión sobre él tras este tiempo. Me parece que es uno de esos tipos que hacen libremente lo que siempre quisieron ser de pequeños. Jugar, sin más, y ganar dinerito por ello. La mayoría de deportistas, por eso mismo, no son más que cuerpos adultos presos en la mente de niños malcriados y consentidos. Les sobra de todo. A Pau, no. Ofrece lo mejor de sí en cada partido. Esfuerzo, superación y sana ambición son adjetivos que bien podríamos adjudicarle sanamente. Pero hay algo más. Se sabe objeto de todas las miradas, y no solamente las que disponen modas (un reloj, por ejemplo) u otras marcas publicitarias. El catalán de Sant Boi no ha dudado jamás su condición de español por el mundo. De Cataluña, sí, aunque español. ¿Recuerdan aquel anuncio de Nike en el que hablaba de su patria? Le trajo algún disgusto por la crítica de la Esquerra. En este tiempo crispado de nacionalismos y particiones, en los que los separatistas aprovechan la mínima oportunidad pública para hacer propaganda, buenos son también estos otros tipos que crean tendencia. No se avergüenza de ser español, de jugar con la selección a toda costa. Con un par de tíos más como él, el deporte serviría quizás para algo más que pasar un buen rato. Pero no mezclemos política con lo que no lo es. Sólo miremos con atención a aquéllos que no aprenden enseguida lo horrible, porque hallar lo más hermoso nos cuesta la vida.